Fantasmita. Por Gonzalo Solari.
Volvés en los tangos que mi madre cantaba bajito en la cocina,
en la calle polvorienta bordeada de cunetas,
en aquel sonido chambón de guitarra
recostada en el tiempo.
Tenés el sabor de las ciruelas tibias
a la hora de la siesta.
Sos humilde flor de jardín,
conejito y malvón.
Goma en el bolsillo,
guardapolvo y moña.
Latita de Satinola campaneando a los Incalcuer.
La casa de Roberto Young, palomar del recuerdo.
Gonzalo Solari
Arezzo, 7-1-11