Sabina y la revolución cubana
Marcos Roitman Rosenmann*
Lunes 24 de octubre de 2011, por Revista Pueblos
La mejor manera de granjearse los favores de los medios de comunicación y las discográficas en España es criticar a Cuba. Entonar un mea culpa, rasgarse las vestiduras y señalar a Fidel Castro como un dictador. En este contexto, Joaquín Sabina, músico, poeta y bohemio, decidió seguir el camino de los conversos. Mientras realizaba su gira por los Estados Unidos no se cortó un pelo. Para lograr notoriedad y pensando en irse a Miami como su amigo Alejandro Sanz, no encontró mejor pretexto que atacar a Cuba. Bajo el ensueño de las luces del Imperio, dejó constancia, en el Miami Herald, de su rechazo a Cuba, a su sistema político y dirigencia. Sus palabras tuvieron eco. Desconocido en Estados Unidos, logró notoriedad, ahora tiene el visto bueno de la mafia de cubanos renegados de Miami, para grabar, actuar y cobrar mejores regalías. Es el mismo Sabina que declara hoy su admiración política por Mario Vargas Llosa a quien adjetiva como “un fundamentalista democrático”. En México tampoco se contuvo. Se entrevistó con el presidente espurio Felipe Calderón y alabó su política de seguridad. Sabina, sesentón y cansado de luchar, ha preferido dedicarse a seguir ganando dinero para acrecentar su biblioteca de primeras ediciones. Es una pena que para ello recurra a desprestigiar a Cuba, teniendo en España un montón de casos por denunciar, empezando por la obscena vida política de la “familia real”. Pero, se me olvidaba, ahora los príncipes cenan en su casa y son colegas.
* Marcos Roitman Rosenmann es profesor titular de Sociología, Universidad Complutense de Madrid.
