Colombia: Subiendo la cuesta

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Crónica desde la resistencia

Subiendo la cuesta

DSC03531.JPGFusagasugá es un pueblo en la cordillera oriental colombiana entre el valle del río Magdalena y la ciudad de Bogotá; coronada en su parte alta por el páramo del Sumapaz. Esta región ha sido epicentro de varios conflictos sociales de suma importancia en la historia colombiana. La zona fue azotada por luchas agrarias y ligas campesinas en los años 30 y luego sería fortín del Gaitanismo y del partido comunista a mediados del siglo XX. Alfredo Molano asegura que por estas montañas se encumbra el origen del conflicto armado en Colombia, cuando las autodefensas campesinas del Sumapaz antes lideradas por Juan de la Cruz Varela derivaron en lo que hoy son las FARC.DSC03567.JPG

Aquí nos han recibido los estudiantes de la Universidad de Cundinamarca, quienes luego se han sumado a la movilización. Desde Fusagasugá a Bogotá hay un trecho de medio centenar de kilómetros remontando cuestas y pequeñas poblaciones que viven del tránsito continuo de camiones y tractomulas, porque esta es la vía más importante de la nación, que comunica la ciudad más grande e inudustrializada con el principal puerto del país: Buenaventura. Nunca nos habíamos imaginado tal apoyo y simpatía de la gente, que pasa gritando arengas desde los buses, autos particulares, camionetas. Pero quienes expresan mejor sus simpatías son los camioneros que llevan por trechos a los manifestantes, lanzan billetes y monedas, pitan; parece ser que el gremio de camioneros se sumará mañana 10 de Noviembre a la movilización estudiantil con bloqueos y paros. Junto a las marchas anunciadas de profesores, colegios, algunos sindicatos, el SENA y las Universidades de la capital, el país entero está a la expectativa de ver caer la reforma universitaria mientras la gente llene la Plaza de Bolívar. El elefante, un poco maltrecho, sigue caminando.DSC03570.JPG

Conversando con estudiantes de diferentes claustros constatamos que la privatización y la receta neoliberal no son una amenaza en ciernes sino una promesa cumplida hace mucho. Las similitudes se repiten mecanicamente de una Universidad a otra: carreras autofinanciadas que cuestan hasta 10 o 20 veces lo que puede costar una carrera subsidiada por el Estado; rectores y administraciones corrompidas que se perpetuan año tras año en el poder de las Universidades a costa de obedecer servilmente las imposiciones del gobierno; representantes estudiantiles plegados a los intereses de la administración para “legitimar” como “democráticas” las imposiciones; la expansión desorbitada e irresponable del sistema educativo sin recursos nuevos en una estrategia de asfixia financiera que obliga a la comunidad universitaria a aceptar nuevas imposiciones, nuevos chantajes y nuevos recortes con promesas difusas de mayor presupuesto. Para regocijo de Naomi Klein y su “Doctrina del Shock”, toda esta aplanadora de recortes y reformas, todo este Shock neoliberal al que se ha sometido el sistema universitario, va acompañado de un Shock menos metafórico y más real materializado en los antidisturbios y sus tanquetas de los que todos en la marcha tienen una anécdota desagradable por contar. SAM_0903.JPG

Subiendo la cuesta hemos entrado por fin en Soacha, un sector degradado y pauperizado al sur de Bogotá. Unas mil personas llegamos marchando en medio de la lluvia y los aplausos de la gente que sale a saludarnos en las ventanas, sonríe y nos regala comida. Dormiremos en el coliseo del barrio La Estancia en Ciudad Bolívar, en donde la comunidad tiene varias toneladas de comida para abastecer a los marchantes los días que sea necesario. Señoras y niños colaboran en la preparación de los alimentos y aseguran que nadie más va a luchar por sus derechos. Las Universidades Públicas de Bogotá llevan décadas formando a los hijos de estos de barrios y el movimiento estudiantil no pocas veces ha apoyado reivindicaciones, necesidades y luchas locales.SAM_0958.JPG

Mañana es 10 de Noviembre. Mientras se preparan movilizaciones y concentraciones, mientras llegan caminantes y buses desde todo el país, los poderosos se aprestan a legislar una ley que ha sido escrita con tinta y puño extranjero, con gases lacrimógenos y mentiras. El Congreso tendrá que decidir si legisla de espaldas a miles y miles de colombianos que han venido a pié desde todas partes para decir que ese no es su camino. Una vez más como siempre, los poderosos se amañarán de espaldas al pueblo, pero ahora no podrán decir que no hicimos nada:

¡Mañana Bogotá será nuestra! ¡Estamos aquí para que nadie hable por nosotros!

 

Camilo de los Milagros.

 

 

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