Entrevista a Rodolfo Rodríguez, un cubano que conoció a René González en la cárcel Marianna en Florida, EE.UU. Por Edmundo García*

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Edmundo García. Foto Virgilio PONCE

 

ENTREVISTADO: Rodolfo Rodríguez

RESUMEN DE LA ENTREVISTA: Rodolfo Rodríguez (Rody) es cubano, de Marianao, La Habana. Llegó a Estados Unidos en 1980 y fue encarcelado por “tomar una mala decisión”, como él mismo dice en esta entrevista. Conoció al Héroe de la República de Cuba en la cárcel de Marianna, Florida. Rodríguez está hoy bajo un régimen de libertad supervisada y nos cuenta algunos recuerdos de su trato con René en la prisión.

-EDMUNDO GARCÍA: El programa de hoy es un programa esperado. Un programa al cual yo he hecho referencia desde comienzos de semana, sin explicar de lo que se trata. Los periodistas a veces tenemos la suerte de encontrar testimonios muy difíciles de hallar. Yo no voy a hacer mucho preámbulo: la persona que me acompaña hoy se llama Rodolfo Rodríguez. Gracias Rodolfo por comparecer, gracias por estar hoy en este programa.

-RODOLFO RODRÍGUEZ: Muchas gracias Edmundo. Gracias por invitarme, es un privilegio para mí poder estar aquí.

-EG: Rodolfo Rodríguez tiene 55 años, todo el mundo lo conoce como Rody, así que a partir de este momento lo voy a llamar como todo el mundo lo llama: Rody. Rody, tú llegas a Estados Unidos por el Mariel.

-RR: Así mismo es, en el año 80, fui a parar a Fort Indian Town, mi familia en Miami me reclamó, me soltaron y ahí comenzó mi odisea por los Estados Unidos.

-EG: O sea, llevas ya 32 años en los Estados Unidos. El principal objetivo de esta entrevista es que Rodolfo Rodríguez, Rody, estuvo junto al luchador antiterrorista cubano, Héroe de la República de Cuba René González, durante los últimos años del encarcelamiento de René, que coincidieron también con los últimos años del encarcelamiento de nuestro invitado. Las razones por las que Rody estuvo preso no vienen a cuento en esta entrevista; él cumplió con la sociedad, es un hombre libre, es un hombre que puede dar su testimonio, se encuentra bajo libertad supervisada; sin embargo por varios años, desde el 2004 y hasta que ponen en libertad a René, Rodolfo Rodríguez lo conoció y eso marcó su vida. Esto es lo que estamos buscando en esta entrevista, encontrar ese testimonio. ¿Cómo conoces tú a René?

-RR: Mira Edmundo, yo no creo en las coincidencias, yo creo que todo tiene un propósito en la vida; yo creo que lo que me ha sucedido me ha hecho crecer como persona. Tú dijiste que no querías hablar de por qué yo fui preso, pero yo creo que todo en la vida depende de tomar decisiones, y cuando uno toma una mala decisión eso acarrea consecuencias nefastas; y yo me involucré en cosas que no debía haber hecho y fui a parar a la prisión. Pero al final uno puede sacar las conclusiones y cosas positivas de la vida a partir de eso. Yo llegué a la prisión de Marianna en la Florida en el año 2002 y en el 2004 hubo un huracán que destruyó la prisión. Aquello fue algo tremendo, nos sacaron con la guardia nacional; dos meses después arreglan la prisión y yo viro para atrás con el primer contingente que regresó a la prisión de Marianna, y al día siguiente llega un contingente de otra prisión donde viene René González Sehwerert. Me lo presentó una persona que se llama Juan Armas, de esta manera: “Eh, oye paisano: aquí te presento al espía”. Porque a todos ellos les dicen los espías, normal, y ellos lo aceptan… tú sabes… porque ellos no tienen causa de espionaje, aunque sí se la inculparon. Y ahí fue que empezó mi trato con René y hasta el día de hoy te puedo decir que ha sido una de las amistades que más ha contribuido a edificar mi vida. Yo creo en Dios, y esto debo decirlo para que se comprenda lo que voy a decir a continuación; obviamente, yo no pensaba lo que pienso hoy hasta unos minutos antes de conocer a René González, y rápido le digo a él que yo creo en Dios, porque a mí me tenían por el que llevaba la iglesia en la prisión, y le digo que creo en Dios y él me dice: “Que bueno, yo no. Pero si yo con mi amistad contigo puedo contribuir a que tú seas mejor cristiano yo me voy a sentir gozoso”. Y eso impactó tremendamente mi vida hasta el día de hoy. Para mí ha sido un testimonio que he compartido con muchas personas, de la forma en que él se manifestó. Yo lo que esperaba es que él fuera a contrarrestar lo que yo le había dicho, a entrar en una contienda, y me dijo “Que bueno, yo creo que un cristiano verdadero va a querer el bien de la humanidad y si mi amistad contigo va a contribuir a que tú seas un mejor cristiano yo me siento satisfecho”. Y ahí comenzó la amistad de nosotros, que está llena de anécdotas. Creo que no hubo nunca nada negativo en nuestra relación; vivíamos a dos celdas de diferencia. No compartimos celda por varios motivos: en primera, los dos teníamos cama abajo; en segunda, los dos teníamos demasiadas cosas, que no nos cabían en una celda.

-EG: O sea, artículos, libros…

-RR: Sí, libros… de todo, de todo. Entonces se nos hacía muy difícil vivir en la misma celda, pero vivíamos dos celdas después del otro; y desde que abrían la celda nos encontrábamos. Nos separábamos por algunas cosas, como cuando René se iba a correr, que no era fácil seguirlo porque corría mucho, le daba muchas vueltas a aquello allí.

-EG: ¿Cómo se va edificando la amistad, cuales son las primeras cosas que hacen que se vaya formando una amistad? Tú le habías hablado ya de tu Iglesia, él comienza a hablarte, tú te habías interesado por el caso de él… ¿cómo suceden las cosas?

-RR: Mira… Yo voy a tener cuidado de no perjudicar a otras etnias, pero yo tenía un dolor muy grande, yo me crié en un hogar con mucho dolor en contra del gobierno de nuestro país, porque no comprendía los principios y la visión que había. Hoy le doy gracias a Dios que pienso distinto totalmente, la vida me ha ido enfrentando con la realidad. Conocí muchas etnias, no quiero hablar de ninguna de ellas; pero me doy cuenta, con el dolor de mi alma, que algunos miembros de ellas no pueden ni escribir, a veces no saben ni hablar, y miro para atrás y veo a nuestro pueblo, aún a los que están aquí y me digo, ¡wow!, no hay uno que no sepa escribir, no he visto un niño en nuestro país con un quiste de este tamaño en la cara; entonces he visto todo el lado positivo que yo no veía antes. Creo que como fui criado en un hogar que se sentía un dolor por algo que era aparente, por reacciones del momento, que eso marcó mi vida; como dice el refrán “Hijo de gato caza ratón”, y como me crié en eso… La relación mía con René fue erradicando ese sentido en mi vida; empezó amainándolo, pero llegó el momento en que me convencí, porque empecé a mirar, empecé a ver. Tuve la suerte de ir a parar a un lugar que estaba lleno de emigrantes, y cuando yo vi todas aquellas nacionalidades (sin mencionar ninguna), yo me decía “¡wow!”, pero si yo vengo de un país que es la gloria, de un país donde hemos sido bendecidos…

-EG: Y esa mirada te la enseña René…

-RR: Todo eso empecé a aprenderlo con él. El fue bien sabio, él es un hombre de principio, creo que Los Cinco son de principio; hay una frase que es de él que dice que los principios no tienen precio porque el que los tiene no los vende, y el que se vende es que no tiene principio. Y yo creo que Los Cinco son hombres de principio, creo que eso ayudó mucho a que la popularidad en los lugares donde ellos han estado creciera, lo que hace que la gente los quiera y los respete. Ellos no son personas agresivas, ni verbal ni… claro, tampoco quiere decir que sean personas que se dejen decir cosas y no ripostan con palabras concisas…

-EG: Háblame del respeto que tú viste hacia René en la población penal.

-RR: Eso mismo te quería explicar, creo que la forma de actuar de ellos conmigo, con todas las personas, fue lo que hizo que se fueran ganando la admiración. Entre los mismos cubanos, siempre quedaba uno que por allá, que por la espalda hablaba del sistema y no de personas, pero al final tenía que reconocer que en la persona de que estamos hablando en este caso había una diferencia. Por ejemplo, a mí no se me olvida nunca que él trajo un libro de Historias Bíblicas de la biblioteca, en inglés, yo puedo leer inglés, pero… y él lee bien inglés, y él mismo viene y me propone “¿Quieres que leamos junto ese libro?”. En su celda él empezó a traducir el libro en español y leímos el libro completo; la historia de Abraham… Y lo leímos completo. Esas acciones hacen que tú empieces a notar que no hay fanatismo, que hay una certeza en sus principios, en lo que cree, en lo que vive; que hace una diferencia muy grande, a veces nosotros decimos unas cosas que no concuerdan con lo que hacemos, y ahí hay una incongruencia que no te deja valorar a las personas, ¿comprendes?, entonces ese René que conocí de cerca es una persona que te habla las cosas, que las vive, que te las respeta. Tú le puedes hablar de lo que tú crees que no lo vas a hacer sentir mal, él tiene muy claro el respeto a las ideas; y yo siempre le oía decir: “Tú tienes el derecho de expresarte, de la misma forma que yo tengo el derecho a pensar como yo pienso, y si podemos respetar eso podemos vivir uno al lado del otro sin necesidad de matarnos, sin necesidad de ofendernos”.

-EG: ¿Y otros reclusos sentían también el mismo respeto?

-RR: Sí, yo creo que allí todo el mundo lo respetaba, los morenos americanos… sabes, a veces la diferencia de pensar hace caracteres; habían americanos, no se me olvida un morenito que fue su compañero de cuarto, los cuartos son de a dos, entonces este morenito fue compañero de cuarto de él; aquel era rapero y escribía letras de rap, y escribió un rap con temas políticos, que tienen que ver con la nación en que vivimos, no te puedo decir sus ideales políticos cuales eran, pero quizás lo inspiró el haber tenido una relación con René, de vivir en el mismo espacio y comprender, porque aquí hay muchas personas que no comprenden qué es lo que está pasando en esta causa de Los Cinco, que ven el televisor y leen “Freedom Five” y no saben lo que es eso, pero cuando empiezan a averiguar se sorprenden; entonces ese muchacho escribió una canción de género político de frente a este país y mandamos a hacer un pullover con la estrella cubana, con el signo de Los Cinco, que yo tengo foto con él, quizás en otra ocasión que tú puedas podamos sacar fotografías de cosas que tengo. Yo tengo muchísimas cosas; yo reuní postales, estampillas, de todo, que lo tengo en la casa; entonces nos tiramos la foto y fuimos a la yarda, donde se hacen eventos; por ejemplo, el (4) 5 de julio, Nochebuena… se hacen eventos donde sacan grupos de música, y ese muchacho cantó la canción ahí; cantó la canción con un tema político…

-EG: Y ese era amigo de René…

-RR: Compartió celda con él. Y entonces, por las características esas que yo creo que Los Cinco la tienen, por la emisora de radio de “Una luz en lo oscuro” yo oigo como todos han creado cierta relación, hay personas que están apegados a ellos; porque tienen esa característica, de ganarse el respeto y el cariño de las personas.

-EG: ¿Cómo era el día, qué hacían durante un día típico allí en esos años?

-RR: Había tiempo de frío y de calor, esos tiempos hacían una diferencia. René corría mucho, yo creo que el frío le gustaba más; a mí no, yo creo que el frío me hace daño, pero él salía en ese tiempo; yo me iba para la yarda y René cuando no estaba corriendo estaba leyendo. La solidaridad del mundo, me imagino que con los otros sea igual, se podía ver a través del correo que él leía, eso era un evento que todo el mundo esperaba; eran cartas y cartas y todas para una sola dirección: para René.

-EG: O sea, la cantidad de cartas que le llegaban…

-RR: Le llegaban de Australia, de Rusia, de China, de todos los lados.

-EG: ¿Y los otros presos, cuando veían eso?

-RR: Era una jarana, todos se reían…

-EG: Sabían ya quien era René.

-RR: Le decían “Oye, guárdame las estampillas”, porque a esa gente que le gusta colectar, les mandan a su familia; yo tengo muchas, yo guardé muchas estampillas, las repetidas las iba dando. Casi todo el mundo venía a decirme cosas a mí para que se las dijera a él; las personas que no tenían confianza con él me tenían a mí como trampolín. Les daba pena, a muchos les daba pena.

-EG: ¿René era muy serio, cómo era…?

-RR: No, qué pasa, a veces nosotros los seres humanos hablamos tantas cosas, que a veces ni la sentimos, y después nos da pena venir para atrás, después de tanto que se ha hablado, llegar y saber que yo hablé tanto de ti y venir y decirte algo...

-EG: Eso me lo dices porque, te pregunto, ¿hubo algún sector cubano que en algún momento fue hostil con René?

-RR: No hostil con René, hostil con ellos mismos, porque sacaban temas delante de él, sabiendo que puede que golpee, que choque, pero sacaban temas…

-EG: Temas controversiales.

-RR: Por ejemplo, hubo uno que un día dice… no sé…

-EG: Dale, cuéntalo.

-RR: Bueno, dice: “Mi mamá fue a La Habana a operarse de catarata y tuvo que llevar la toalla y tuvo que llevar la sábana”; entonces, estábamos allí reunidos, y siempre el que salía adelante era yo, como en La Biblia Pedro, que para todo sale Pedro con el hacha en la mano, y entonces yo le decía: “¿Verdad, y cuánto le cobraron por la operación?” Y me dijo, “No, bastaba que le hubieran cobrado, si tuvo que llevar su sábana”. Y le dije: “Tiene toda la razón, a mi papá lo llevamos a operar de catarata ahí en el Instituto Beraja de Miami, y no tuvo que llevar ni sábana ni toalla; pero le cobraron mil doscientos dólares por cada ojo; no sé cuantas cajas de sábanas tú comprarías con dos mil cuatrocientos dólares; a ver qué te convendría a ti mejor, llevar una sábana y una toalla o llevar dos mil cuatrocientos dólares”. Ahí sí me decían horrores a mí.

-EG: Cuando se daban esas discusiones, René, qué hacía.

-RR: René se reía, pero después entraba con sentido… El tiene una frase que me gustaba mucho y que después yo he usado y la sigo usando mucho. El me decía: “Mira, es que tú estás basando tus conversaciones en cosas que tú oyes, pero tú no estás basando tu conversación en cosas que tú ves. Sé realista, mira la realidad, mira todo el proceso y luego el final. Piensa una cosa, qué somos nosotros comparados con todos esos países, todo el mundo quiere comparar a Cuba mirando para el norte.” Y es verdad, no se puede comparar a Cuba mirando para el norte. Te lo digo yo que estuve en una oficina de emigración y te digo que vi canadienses, australianos, chinos, todo el mundo quería venir para aquí (Estados Unidos), porque aquí está todo el dinero que se llevan en el mundo entero. Yo siempre lo digo: yo nunca he visto un balsero que haga una balsa y se vaya para allá abajo por Batabanó. Allá abajo no hay un guardacostas norteamericano. Todos los balseros quieren venir para acá; para aquí quiere venir el mundo entero. Mira, una persona que me diga en mi cara que no podía aguantar más vivir en Cuba yo no se lo creo, por qué no se fue para Guatemala, y cuando tiene el chance de irse para Guatemala quiere dar la vuelta y venir aquí. El final no es salir de Cuba, el final es entrar aquí.

-EG: Rody, háblame de la interacción, en las horas de ocio.

-RR: No había ocio. A René le dolía cuando una persona decía: “Estoy matando el tiempo”. Como dice La Biblia, si Dios te dio el tiempo, ¿Cómo vas a matarlo con lo poquito que hay? El poco tiempo que nosotros tenemos, 80 o 90 años de vida, comparado con la eternidad no es nada; cómo lo vas a matar. El nunca estaba matando el tiempo, él se sentaba en la silla y ponía los dos pies arriba de la cama, yo no entiendo cómo podía leer así, siempre tenía un libro, y devoraba los libros con facilidad. Yo creía que yo era lector, pero cuando yo veo la forma en que él lee… se devora los libros, y libros que para otros se hacen pesados, a mí se me hacen pesados; ese tipo de libro.

-EG: ¿Y del caso hablaba, tú le preguntabas?

-RR: Yo tuve una relación especial con él, él conmigo fue franco en muchos aspectos, aunque asumo que él tuvo cosas que haberse reservado.

-EG: Quiero que me hables de si él te contó cómo fue el juicio…

-RR: Sí, sí.

-EG: ¿Y llegaste a conocer a la familia de René?

-RR: Yo tengo fotos maravillosas de todo eso.

-EG: Rody, ¿tú te consideras un amigo de René?

-RR: Sí. Fue una bendición conocer a sus familiares. A todos los pude conocer, menos a Olguita, aunque tenemos buena amistad; nos escribíamos mucho cuando estábamos allá, por e-mail, y aquí todavía tenemos cierta comunicación; déjame decirte que estoy controlado, tú mismo lo explicaste.

-EG: Sí, déjame decirlo: Rody y René no pueden comunicarse entre ellos, porque entre las condiciones que tiene la libertad supervisada, tanto para Rody como para René, es que dos personas que sean consideradas ex reclusas no pueden, durante la probatoria, comunicarse entre ellas; pero bueno, Rody sí puede venir aquí y hablar conmigo.

-RR: Sí Edmundo, yo quiero hacer las cosas como son, esté o no de acuerdo con principios ideológicos, quiero honrarme a mí mismo haciendo lo correcto.

-EG: ¿Cómo eran los encuentros de René y su familia? Cuando vistes eso, qué sentiste. Hay muchos presos que son abandonados por sus familias, entonces, cuando tú ves la gran diferencia del amor de la familia por René, ¿Cómo vistes eso? Trata de recordar la primera vez que empezaste a ver esos encuentros.

-RR: Vamos a hacerlo por partes. Tocaste un tema que fue fundamental en mi transformación de forma de pensar, yo lo llamo la metamorfosis mental que yo sufrí, y fue no solamente la familia; fue, con la idea que yo tenía de mi país, ver cómo mi país entero apoyaba una causa, de un hombre, cómo estaban detrás de un hombre, en este caso de Los Cinco, pero yo digo de uno porque fue el que conocí, y eso me impactó profundamente, después de pensar que mi país era de una forma, ver cómo había un apoyo emocional, todo tipo de apoyo porque estuvieron pendientes de René y hasta el día de hoy siguen pendientes, y estamos hablando del país, del gobierno, eso fue tremendo, y lo de la familia fue tremendo. Yo viví eventos históricos que marcan una pauta en la vida de René y después lo voy a explicar; como por ejemplo, su primera visita y su primer abrazo con Ivette; yo lo viví y yo les tiré esa foto, muchas de esas fotos que ellos tienen las tiré yo.

-EG: Con la hija.

-RR: Con toda su familia. Muchas de las fotos, porque como yo te dije tenía acceso a salir a la visita, como era el “clerc” de los fotógrafos, pues yo tenía acceso a decirle al fotógrafo que se quedara en la yarda e ir yo a la visita. Conocí a Irma, vamos a empezar por ahí.

-EG: A Irma, la mamá.

-RR: Fue tremendo, yo tengo carta de ella. Por eso yo te estaba hablando… Hijo de gato caza ratón: los principios de esa mujer son increíbles, algo maravilloso, infunden aliento a las personas que la conocen, ella me hizo una carta que nunca podría deshacerme de ella; de unos principios que no son de los que yo llamo cristianos, pero yo estoy tan convencido que el amor de Dios está en estas personas de alguna manera; para mí, en mi forma de pensar, no creo que una persona pueda pensar así si no es de parte del amor de Dios. No quiero entrar en términos religiosos pero es lo que yo puedo captar. Hay una expresión que ella me da en su carta, me dice que por fin me escribe, que la perdone por no haberlo hecho antes, y después me hace una anécdota donde ella me dice que no entiende, que no comprende la vida de un ser humano que pasa por este mundo sin haber hecho algo que fuera de beneficio para otro. A mí me impactó, la carta de ella todavía la tengo.

-EG: Y el encuentro ese del que tú fuiste testigo, de él con la familia.

-RR: Tremendo, los abrazos… Ivette era una niña, no la mujercita que es hoy. Ivette es la hija mayor, fue la que nació aquí. No podría describírtelo, fue una bendición. Los dos abrazados, jugaban cartas allí en la visita. Yo estaba al lado, estaba allí, ya sea porque tiraba fotos, en ocasiones mi familia fue con ellas. Viajaron juntos desde Miami con el difunto, este…

-EG: Tony Llansó.

-RR: Tony Llansó, que Dios lo tenga en su gloria. Ellos recogieron a mi esposa, son algo tremendo, y nos sentábamos al lado, la visita es en una cantidad enorme de sillas, no están unas frente a otras para familiares, hay sillas al frente pero son para otras personas; es un poco deprimente la visita porque no puedes estar muy abrazado ni aun siendo tu hija, con la esposa menos; un beso cuando entras y ya, no las tocas más, un beso cuando se van; no puedes estar tocándolas ni con el brazo por arriba. Pero de cierta forma fueron bastante condescendientes con René, en la guarnición, porque la niña jugaba mucho con él, la que solía ir era Irmita, Ivette no porque nació aquí, porque había ciertos temores, no quiero hablar los pensamientos negativos, pero se pensaba en lo que había pasado con Elián; más esta niña que nació aquí y se pensaba que alguien podía decir: “Bueno, nació aquí, pues ya no se va”.

-EG: Y cómo era, de qué tipo percibes tú que era el trato de la guarnición con René.

-RR: Yo creo que todo el mundo respetaba mucho a René, con la excepción de aquel que es un oficial, como decimos nosotros “pesao”, que lo es relativamente con todo el mundo. Pero te voy a hacer una anécdota: allí las personas le pedían a René que les firmara autógrafos, los sellos de correo que traían fotos de ellos la gente quería guardarlos de recuerdo porque se dieron cuenta que estaban delante de una persona con unos principios que uno mismo desconocía, sin ofender a nadie, yo me incluyo dentro de eso mismo porque he aprendido a valorar cosas que nunca valoré, así que eso significa que he aprendido ciertos principios y eso lo aprendí a través de ellos, de Los Cinco, y a través de René. Te voy a hacer una anécdota, y te la voy a hacer porque ese individuo ya no está ahí, está desmovilizado, había un teniente, obviamente en el almuerzo y en la comida nosotros nos sentábamos juntos, nos sentábamos a la misma mesa, si él está oyendo se va a acordar porque no me acuerdo bien del nombre del teniente… un moreno, llegó a la mesa de nosotros delante de todo el mundo y le dio la mano a René y le dijo: “Nosotros estamos apoyando tu causa”; un teniente de la guarnición, él creo que en su vida privada era musulmán o algo así, pero vestido de oficial, delante de todo el mundo vino y le dio la mano a René.

-EG: Y eso se percibió como un gesto de gran respeto.

-RR: Sí, el que lo vio se tuvo que haber dado cuenta del respeto, porque eso no es usual, no está supuesto a suceder. Por ejemplo, al capellán yo lo saludaba y le daba la mano, porque ya yo estaba trabajando con él, pero con otro guardia no estaba supuesto a hacer eso. Pero no fue René el que le dio la mano a él, fue él el que vino y le dio la mano a René. Entonces, cuando llegamos, René cortó una foto, un sello, y le escribió por detrás, para que yo se lo diera al hombre, para no comprometerlo porque yo tenía cierta relación por ser “clerc”; él le puso por detrás algo así como “Juntos podemos prevalecer”, algo así.

-EG: ¿René era serio, callado, circunspecto…?

-RR: Tiene de todo; no es una persona que se la pase hablando, no es una persona tampoco de estar en los rincones… En los rincones te digo porque en todas las prisiones, y yo caminé muchas, en todas hay un lugarcito que es de los cubanos, como lo hay de los dominicanos… El cubano es el único que se nota enseguida, cuando tú escuchas una bulla bien alta, ahí están los cubanos; y entonces la gente pregunta, “¿se están fajando?”, no, es jugando dominó, pero con la gritería esa, diciéndose horrores. Él no era de eso, él llegaba, saludaba a la gente allí y con la misma se iba, porque su pasión era la lectura y escribir. Juntos nos metimos a estudiar Microsoft; yo entré primero, después lo embullé, se embulló al final; después yo hice otro curso que se llama “A Plus”, que te hace técnico en computación; lo hice, no sé si él terminó, porque en ese tiempo me llevaron a mí, que fue un momento duro.

-EG: ¿Qué te decía él qué quería hacer cuando regresara a Cuba?

-RR: Chico, algo en que quedamos, que vamos a hacer, y yo hablo así positivamente por los principios bíblicos en que yo creo, nosotros vamos a subir al Turquino, fue un pacto que hicimos…

-EG: Tú y René van a subir el Turquino…

-RR: Si, con Olguita y Sandra, porque mi esposa no conoce Cuba, ella salió de Cuba con cinco años, ella no ha vuelto otra vez, ya estamos en trámites, ella tiene su pasaporte cubano.

-EG: Tú tampoco has vuelto a Cuba, Rody.

-RR: Desgraciadamente no, yo vuelvo y te repito, mis decisiones fueron muy equivocadas en muchas ocasiones, y eso hizo que yo perdiera la residencia muy temprano.

-EG: Eventualmente regresarás a Cuba.

-RR: Eventualmente cuando yo llegue no me voy más. Me quedo a vivir allá, eso es lo que yo estoy esperando con el favor de Dios. Yo estoy deportado en estos momentos; mi estatus aquí es el de un cubano legal, pero deportado. Que de acuerdo a Emigración cuando Estados Unidos y Cuba entren en trámites migratorios ellos me recogen y me llevan; pero yo a eso no le temo, para nada le temo, porque hay 12 millones de cubanos viviendo en mi país, y yo soy cubano.

-EG: Conociste además a Roberto, el hermano de René.

-RR: Sí, conocí a Roberto y conocí al padre, que ellos casi siempre iban juntos. Fue una bendición. En mi Iglesia oramos mucho por Roberto y seguimos creyendo que Dios es Todopoderoso. Me alegro que René pudiera entrar a la isla de vuelta, de donde él salió con los principios de proteger a su nación y su país, sirvió para que el pueblo aquel lo viera llegar otra vez, aunque fuera por quince días; sirvió para que él pudiera darle un abrazo a su esposa que hacía años que no se lo daba, porque aunque yo estuve separado por muchos años de mi esposa igual, al menos ella podía manejar y llegar y verme por 3,4, 5 o 6 horas, pero él no lo tuvo.

-EG: ¿Lo vistes triste, viste a René en ocasiones triste o deprimido, cosa que es normal?

-RR: No, para nada; si acaso enojado a veces, y no mucho, porque no es de enojarse mucho. El decía que no le iba a dar el privilegio a esta gente de verlo destruido, de verlo “ñoñiqueando”; me imagino que Los Cinco tienen ese principio, por sus lecturas, por sus cartas. Como te dije René recibía muchas cartas, y después hubo un tiempo cuando ya nos separamos que de la Oficina de Interesas me mandaron cierta correspondencia también para yo seguir educándome, porque necesitaba educarme sobre mi nación, mi país; recibía la Bohemia, Cuba Socialista, todas esas revistas yo las recibía, primero por René, después de la Oficina; yo creo que René era el que le decía: “Mándensela a Rody”. Eso fue una bendición, yo vi cosas que sirvieron al pueblo de nosotros para abrirle los ojos, porque yo siempre decía, esto que yo estoy hablando no va a regresar vacío; ahí usaba un término bíblico porque La Biblia dice que la palabra de Dios nunca regresa vacía; porque todas esas controversias que yo formaba frente al televisor, aquellos hablando veinte barbaridades y yo diciendo cosas positivas, yo decía que esto no regresa vacío porque la gente se está yendo para sus dormitorios y analizando y pensando “Le dije estas cosas a Rody, pero es verdad lo que él estaba diciendo”; sobre todo el americano, el latinoamericano, que escuchaban muchas cosas negativas de Cuba pero cuando se les explicaba, ellos decían, “Pero eso yo no lo tengo en mi país”; la realidad es imposible de esconder.

-EG: Las otras nacionalidades en la prisión, o sea, los no cubanos, ¿se interesaban en el tema de René?

-RR: Ciertas personas. Hubo muchos que se sentaban con él y les hablaba.

-EG: Rody, nosotros sabemos que Los Cinco hablan con una sola voz, que mucha de su correspondencia, de sus declaraciones públicas, aunque las firme uno, es en nombre de Los Cinco. ¿Cómo hablaba René de Gerardo, de Ramón, de Fernando, de Antonio, cómo te hablaba de ellos, de sus compañeros?

-RR: Mira Edmundo, se trata de una genuina hermandad; yo le escribí mucho a los demás, me gustaba mucho la forma de ellos de expresarse; como tú dices, aunque sea uno solo el que escribió siempre la firma era en común, era algo que era el sentir de Los Cinco, porque hay una hermandad entre ellos que es impactante; todos esos pedacitos fueron impactando en la gente que los conocieron. Del caso de René, mucha gente lo buscaba para que les ayudara; siempre estaba servicial para hacer un escrito en inglés, para llenar documentos legales, iba a la biblioteca, ayudaba a traducir, a veces hacía por la gente cosas que no hacía ni por él. A mí mismo me ayudó en muchas cosas; había muchas personas que necesitaron sus servicios y él siempre estuvo dispuesto en ayudarlos. Yo asumo que Los Cinco igual porque, vuelvo y te repito, porque por el programa de Arleen oíamos mucho los mensajes desde las prisiones. Y la verdad es que ellos impactaron con su actitud.

-EG: Y cuando hablaba de ellos, ¿cómo hablaba?

-RR: Una hermandad total. Hay un dicho de hace muchos años que decía que la mejor forma de decir es hacer; y ellos de verdad viven lo que ellos predican, lo que ellos exponen, están dispuestos a ayudar siempre.

-EG: Hay un momento Rody en que a ti, antes que a René salga a cumplir la libertad supervisada, te trasladan hacia otra prisión.

-RR: Correcto.

-EG: ¿Cómo fue esa despedida?

-RR: Fue triste. El vio cuando yo estaba escribiendo el mensaje en la computadora porque no quería ni decírselo. Y ya después fui y me tranqué ahí en mi cuarto, y me sacan de madrugada cuando ya todo el mundo estaba durmiendo. Él lo notó, pero no hubiéramos podido conversar porque para mí fue triste, muy triste.

-EG: ¿Te enteraste de un día para otro?

-RR: No, llevaba dos o tres días entristecido, y nos hablábamos a través de Olguita, de Sandra; le mandé una carta a mi esposa para que se la mandara a él despidiéndonos, pero confiando siempre en que no iba a ser la última vez, porque nosotros nos vamos a ver otra vez; como te dije, está el pacto que hicimos de subir al pico Turquino, que vamos a hacer con la gracia de Dios. Fueron tantas cosas que fueron positivas en mi vida a través de la amistad de él… Como escribían de Cuba y del resto del mundo personas de Iglesias, gente que inclusive estaban presos en Cuba.

-EG: Tengo que confesar en esta entrevista que mi correspondencia con René en la prisión, cuando estaba en Marianna, fue a través de Rody, porque por condiciones de los correos electrónicos y control y demás, yo le escribía a Rody y entonces Rody le entregaba la correspondencia a René; René me escribía a mí y Rody era quien me mandaba la correspondencia; y así pasó con muchas personas.

-RR: Así pasó con muchos en Cuba.

-EG: Pero muchachos en Cuba…

-RR: … que sabían el problema de Los Cinco y le escribían a Los Cinco. Entonces cuando le escribían a René yo les escribía para atrás: “Mira yo estoy preso aquí con René, soy cubano de Marianao…” Y empezamos a tener una comunicación. Algunos me pedían que orara por sus familias. Otros me decían “Tú eres un privilegiado, nosotros quisiéramos estar ahí con René…” Yo tengo las cartas, las conservé todas; cajas, cajas. Las tengo ahí en la casa, a cada rato mi mujer me pelea: “¿Qué vas hacer con todo eso?” (Risas) Ocupa lugar, y tengo personas… Inclusive hubo personas en una prisión de Granma que hicieron un movimiento y había una capitana y un teniente en Cuba apoyando la causa de Los Cinco; hicieron un movimiento allá adentro por Los Cinco. Fue una bendición. Para mí fue algo tremendo.

-EG: Y la despedida…

-RR: Fue una experiencia, pienso que no me va a ser fácil volverla a vivir. Te repito, tengo una cantidad de hermanos en la iglesia que los amo y los quiero mucho, y tengo muchas personas que he aprendido de ellos, pero para mí una de las experiencias más grandes de mi vida fue haber conocido a René, yo lo he comentado con mi familia, con mi esposa, con mis padres, que ya no piensan como pensaban antes, porque uno se va dando cuenta de la realidad, porque la verdad es muy grande para ocultarla.

-EG: Rody, René te hablaba de Cuba, porque tú te vas de Cuba muy joven.

-RR: No muy joven, yo tenía 23 o 24 años.

-EG: Joven.

-RR: Joven y dañado. Yo lo que más bien le tiraba cuando no nos conocíamos. Decía: bueno y por qué esto, por qué aquello, y por qué lo otro.

-EG: Muy interesante; o sea, tú le preguntabas a él, él no venía concientizarte a ti. Tú ibas a confrontar tus sentimientos con una persona que tú sabías que tenía una posición definida.

-RR: Mira, yo soy maestro Evangelista y voy a sacar la ordenación de Pastor ahora; aunque yo vengo ejerciendo, uno de los principios dice que si tú eres cristiano no tienes que decirlo, y si la gente no lo puede ver sin que lo digas es que hay algo en ti… si tú vives una vida y la gente no puede decir “Ese hombre camina con el Señor”, entonces de nada vale lo que hables. Entonces ellos son o hacen prosélitos con su vida, ellos hacen ver que sus formas de pensar están en su diario vivir. Entonces él no necesitaba decir, él lo que inteligentemente siempre estuvo dispuesto a oírme, él sabía que había dolor en mí, heridas que te repito por criarme en un hogar donde había un mal sentir contra el gobierno de nuestro país, y él sabía que eso me había hecho daño, porque eso se engendró en mí; eso viene de mi abuelo, de mi padre; él siempre estuvo dispuesto a escucharme y después cuando me decía algo fue para ayudarme a sanar la herida, no de dañarla más. Desde que se conocen a que se sienten ya amigos cuánto tiempo pasó.

-RR: Fue rápido, nosotros nos identificamos bien rápido la verdad.

-EG: La hora del sueño…

-RR: A las 9 y 45 cierran las celdas de cada quien y ya no puedes salir más.

-EG: Y la abren por la mañana.

-RR: Por la mañana.

-EG: Y ahí van a desayunar.

-RR: A desayunar. Muchas veces yo no iba a desayunar, yo era medio “vaguetón” para el desayuno.

-EG: Marianna es una prisión de media seguridad.

-RR: Es media.

-EG: Ahora está ahí Antonio Guerrero. ¿Dejó René allí consideración y respeto, digo yo, para que lo reciban la guarnición y los reclusos que conocieron a René?

-RR: Mira, yo creo que puede influir en algo, pero yo asumo que todos ellos viven una vida de principios y que ellos mismos se van identificando como persona. Y bueno Tony, yo sé que los voy a conocer a Los Cinco. Sé que lo voy a conocer.

-EG: René está escuchando, él va a escuchar este programa; donde él está va escuchar este programa, si tú quieres dirigirte a él no hay nadie que lo pueda quitar porque esto es un programa de radio, aquí no hay ninguna comunicación que viole ninguna regla… ¿Algún mensaje tuyo que tú quisieras que él escuchase?

-RR: Lo único que yo quisiera que él escuchase es que sigo siendo el mismo, que lo tengo bien presente en mi vida, en mis oraciones junto a toda su familia, y que él sabe que nos vamos a ver; no son momentos de tristeza son momentos de alegría, son tiempos en la vida que todos tenemos que enfrentar. Va a llegar el tiempo en que quizás podamos hacer algo por la humanidad juntos, y vamos a estar dispuestos. Y que le doy muchas gracias por haber sido mi amigo.

-EG: Muchas gracias Rody por haber compartido por primera vez en este programa “La tarde se mueve”.

-RR: Gracias a ti. Un saludo a Olguita, a Irma, a Arleen con su programa “La luz en lo oscuro”, a todos, que fue una bendición para mí.

-EG: Muchas gracias a Rodolfo Rodríguez por compartir todas estas experiencias.

 

*Edmundo García periodista cubano residente en EE.UU., conductor del programa "La Noche se Mueve".

Fuente: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad

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