Costa Rica: Referendo TLC cuatro años después

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.


FRUSTRACIONES Y ESPERANZAS A CUATRO AÑOS DEL REFERENDO DEL TLC

Luis Paulino Vargas Solís
Cuando se evoca la coyuntura TLC, inevitablemente surge una emoción especial. Es que aquella fue una jornada histórica insuflada de un poderoso aliento épico. Sobre todo fue una enorme construcción colectiva que permitió cultivar la esperanza de que sí era posible construir un amplio y diverso movimiento social progresista,  alimentado por genuinas convicciones democráticas, abierto a la pluralidad, abocado con decisión a transformar este país para profundizar la democracia e impulsar un desarrollo equitativo, ético, inclusivo y ecológico.
Todo aquello fue, esencialmente, el resultado de un esfuerzo colectivo. Los logros y los errores fueron igualmente compartidos; surgieron del ejercicio democrático y la libre participación. Era un movimiento que no admitía dirección alguna. Imposible tal cosa. Se gestó, creció y alcanzó su culminación como un movimiento descentralizado y en red, que se coordinaba de forma laxa y flexible.
Y, sin embargo, todavía hoy diversos sectores desde la izquierda (en especial de la izquierda-que-se-dice-más-izquierda) insisten en una crítica que subraya la falta de una dirección centralizada, de un liderazgo bien identificado al comando de las acciones. Creo que ese es un ejercicio tan inútil y destructivo como el que ensaya –pero desde otro lugar ideológico- el neoliberalismo, cuando pretende convencernos que el mercado es la abstracción teórica que aparece en los libros de texto, y no aquel –contradictorio, descarnado y desequilibrado- que existe en la realidad.  El Movimiento del No al TLC era lo que era. De ahí salen múltiples enseñanzas para el futuro y, en particular, queda un bagaje que, aunque quizá medio dormido, no ha desaparecido de la conciencia cívica de un sector considerable de la población. Pero imaginar que debió ser lo que el capricho de alguna gente pretende imponer que fuera, es idéntico a desear tener 1,90 de estatura cuando se anda en 1,65. Conviene no confundir la realidad con lo que se desea que sea esa realidad.
El caso es que esa crítica “de izquierda” de alguna manera devela la desconfianza en la democracia característica de la izquierda de cuño tradicional. Porque el Movimiento del No fue esencialmente eso: un ejercicio democrático libre y ampliamente participativo que se desentendió de directrices y comités centrales.  Y eso es lo que no se le perdona.
Esa forma libérrima de construir democracia tuvo logros realmente extraordinarios y, seguramente, no careció de limitaciones o debilidades. Hasta en el peor de los casos, queda una enseñanza perdurable: la riqueza creativa del libre ejercicio democrático y el hálito de libertad que este infunde en quienes lo vivencia y realizan.  Al cabo, se estuvo a un tris de derrotar a toda la enorme alianza oligárquica –amalgama concentrada de los poderes económicos, políticos y mediáticos- que apostaron sus ambiciones y privilegios al TLC. Sin embargo, ganó el sí y, con este, triunfó el miedo. Porque solo de esa manera lograron revertir lo que otra manera habría sido un amplio gane del no. En los días previos al referendo colocaron una pistola en la sien de cada costarricense, y bajo la amenaza sistemática de la ruina y el desempleo, volcaron por escaso margen la votación.
Finalmente, no interesa tanto quienes se dejaron vencer por el pánico, sino sobre todo esa enorme marea ciudadana que, a pesar del masivo ejercicio de terror e intimidación, se mantuvo firme en el no. Por otra parte, no necesariamente culpo a quienes cedieron al terror.  Me basta imaginar cualquier padre o madre que sabe que cada día ha de llevar la leche que sus retoños necesitan, y al ponerme en su lugar me digo que, como mínimo, estoy obligado a comprenderles.
Lo lastimoso, sin embargo, es que luego ese glorioso Movimiento del No se haya dejado vencer por la desmoralización ante la derrota y por la politiquería. Es paradójico pero pareciera ser rigurosamente cierto: aquel movimiento ciudadano que se desentendió de liderazgo y se desarrolló con libérrima creatividad, luego se dejó atrapar en los juegos mezquinos de liderazgos partidarios chatos y miopes. Ello ratifica el peso tremendo de lo electoral en la cultura política dominante en Costa Rica.
No es difícil reconstruir el cuadro. Desde el PAC un mensaje groseramente hegemonista: no tenemos que dialogar ni negociar con nadie: la única unidad es la que se construye alrededor y en función del PAC, sin nada más que conversar. Desde algunas izquierdas, un mensaje de irresponsable ingenuidad: agrupamos a las “organizaciones líderes” de la ciudadanía y por ello nos bastamos sin tener que transigir ni dialogar con nadie. A otra gente le pareció que la cosa consistía en improvisar partidos políticos. Por doquier, pues, una arrogancia realmente patética, o, mejor dicho, suicida. Al cabo, y ante la evidencia de una contundente derrota electoral, el oportunismo de alguna gente construyendo coaliciones de última hora, pegadas con saliva.
Hoy Costa Rica está atrapada en el torbellino de una crisis de grandes proporciones: la economía maltrecha; el desempleo y la pobreza, ya en altos niveles, amenazan seguir deteriorándose; la institucionalidad pública resiente la agresión sistemática al cabo de 27 años de neoliberalismo; el sistema político se hunde en el descrédito. Y, sin embargo, no existen alternativas valederas. Tan solo la frágil salida de una alianza partidaria que, a lo sumo, ofrece una respuesta opositora al saqueo y la ineptitud del PLN-PRI reinante, pero sin plantear un proyecto distinto. Es que, primero, es una alianza muy heterogénea, que tan solo podría funcionar sobre la base de un programa mínimo-minimorum, pero, además, es una alianza torpedeada desde dentro, con especial estrechez y miopía, por algunos de entre quienes la conforman. 
No hay muchas razones para el optimismo. Y, sin embargo, sigue vigente un espíritu de libertad, construcción democrática y compromiso ciudadano entre los sectores que, en su momento, asumieron las posiciones más independientes y comprometidas en la lucha contra el TLC. La pelea por el rescate y fortalecimiento de la Caja –corazón de todo el sistema de seguridad social de Costa Rica- hace intuir que ese corazón sigue latiendo en el pecho de gente que, sin mezquindades electoreras, todavía cree que la democracia y la justicia son aspiraciones válidas y realizables.
Este artículo fue escrito ante expresa solicitud de los editores del Periódico Pueblo

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