Lunes 23 de abril de 2012, p. 25
Burdeos, 22 de abril. El socialista Francois Hollande conquistó 29.2 por ciento de votos en las elecciones presidenciales celebradas hoy en Francia, seguido por el actual gobernante, el conservador Nicolas Sarkozy, de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), con 27 por ciento, por lo que ambos disputarán la jefatura de Estado en una segunda ronda el próximo 6 de mayo.
En tercer lugar quedó Marine Le Pen, del ultranacionalista Frente Nacional (FN), con 17.3 por ciento; el izquierdista Jean-Luc Mélenchon obtuvo 11.5 por ciento; el centrista Francois Bayrou 8.8 por ciento, la ecologista Eva Joly 2.5 por ciento, Nicolas Dupont-Aignan 1.8 por ciento, Philippe Poutou, 1.2 por ciento; Nathalie Arthaud 0.5 por ciento y Jacques Cheminade 0.2 por ciento.
Esta noche me convierto, gracias al voto francés, en el candidato de todas las fuerzas que quieren cerrar una página y comenzar otra. Gracias a ustedes,
esta noche el cambio está en marcha y nada, absolutamente nada, lo detendrá
, dijo Hollande en un discurso en su casa de campaña en Tulle, suroeste de Francia.
El 6 de mayo quiero una gran victoria digna de Francia, de su historia y de su futuro
, afirmó ante simpatizantes. Al presentarse como el mejor
candidato para llegar al Palacio del Elíseo luego de los resultados de hoy, Hollande llamó a la multitud a ser tan amplios como sea posible
en la ronda decisiva.
Sarkozy retó hoy a Hollande a participar en tres debates públicos antes de la segunda vuelta. Propongo que se organicen tres debates. Los franceses
tienen derecho a la verdad y a la claridad
, señaló.
La elección presidencial siempre ha sido el terreno predilecto de la extrema derecha francesa, representada por el FN. Su candidata, Marine Le Pen, es la
hija-heredera de Jean-Marie Le Pen (quien dijo hace unos años que las cámaras de gas –de los campos de exterminio– eran un detalle de la historia
), el candidato que sacudió en 2002
al mundo político al llegar a la segunda vuelta eliminando al candidato socialista Lionel Jospin. Y, sobre todo, por alcanzar 4.8 millones de votos. Diez años después, este domingo, el FN
ha conseguido el sufragio de más de siete millones de franceses.
Ya no se puede decir que sólo votan por Marine le Pen los obreros sin empleo, los jóvenes desesperados o los viejitos temerosos por su seguridad. Ya existe un voto de extrema derecha que se está enraizando. La ola racista y xenófoba es arrasadora. Crece en Europa y Francia parece haberse contaminado de manera duradera gracias a la crisis.
Conocidos los resultados, la candidata ecologista, Eva Joly, que apenas alcanzó 2.5 por ciento de los votos, comentó: “El resultado del Frente Nacional es una mancha indeleble para los valores de nuestra democracia, una amenaza para la república… Les quiero decir a los que se dejaron engañar por el FN que se están equivocando de ira. Quiero denunciar a los aprendices de brujo de la identidad nacional, quienes, gracias a sus discursos de división y odio, permitieron a la extrema derecha alcanzar su más alto nivel en una elección presidencial.”
Jean-Luc Mélenchon, pasada la desilusión de su 11.5 por ciento cuando esperaba 14 y hasta 15 por ciento, también puso énfasis en el alto resultado del Frente Nacional: “tuvimos toda la razón de concentrar nuestra campaña en el análisis y la crítica radical de las propuestas de la extrema derecha…” En alusión a la tibieza de los socialistas, añadió: “también es el momento de decir cuán solos nos sentimos… en esa batalla: uno imitaba, el otro ignoraba… ¡Vergüenza a los que prefirieron dispararnos en vez de ayudarnos! Acuérdense para siempre de los nombres de los que se negaron a esa lucha o, más aún, que prefirieron hacerse eco de argucias calumniosas y anticomunistas de la extrema derecha en nuestra contra”.
A pesar de todo, Jean-Luc Mélenchon, al igual que Eva Joly, llamó, sin ambigüedad, a derrotar a Sarkozy en la segunda vuelta. Recordó que el Frente de Izquierda tenía en sus manos el resultado final y llamó a sus simpatizantes a no venderse, pero a movilizarse primero para las manifestaciones del 1ºde mayo y, después, para que no falte un solo voto en contra de Sarkozy.
Abstención de 21 por ciento
Las encuestas, que se equivocaron ampliamente para la primera vuelta, tanto en la estimación de la abstención (prevista hasta 30 por ciento y que se quedó en un clásico 21 por ciento) como en los porcentajes de los candidatos, ven a Francois Hollande futuro presidente con 56 por ciento de los votos.
Desde su municipio de Tulle (Correze), el candidato socialista se dirigió al país con un discurso prudente, destinado tanto al centro como a las izquierdas,
e incluso a los que votaron por Marine Le Pen no por ideología, sino por desesperación. Aludió al resultado del FN con un llamado a una reacción de la república
. Afirmó que, de
aquí en adelante, se consideraba “el candidato de todas las fuerzas que quieren dar vuelta a la página y abrir otra nueva…, el candidato de todos los ciudadanos apegados a una república
por fin ejemplar, preocupado de la imparcialidad del Estado. También precisó sus retos: “lograr una alternancia que vuelva a dar confianza a la gente, responder a las preocupaciones
legítimas y a las numerosas cóleras (desempleo, precariedad, amputación del poder adquisitivo, inseguridad…), reorientar Europa hacia el camino del crecimiento y el empleo.” Y pidió a sus
seguidores una bella victoria para Francia y su futuro
.
También Sarkozy habló a sus simpatizantes. El actual presidente tiene que resolver una difícil ecuación: cómo atraer al electorado del Frente Nacional sin ahuyentar los votos centristas. Su discurso fue escueto. “Estas dos semanas –dijo– deben permitir a cada uno de ustedes escoger con toda claridad. Se trata de elegir a quien tendrá la responsabilidad de proteger a los franceses. Le dedicaré toda la energía de la que soy capaz… Llamo a todos los franceses que colocan la patria por encima de todo a juntarse conmigo.”
No hubo fiesta esta noche. La campaña para la segunda vuelta va a ser dura y, a pesar de las encuestas, el resultado es incierto. Sarkozy y Hollande emprenderán mañana nuevas giras por el país. Los dos tienen una cita importante el próximo 2 de mayo, en un debate televisivo en el que enfrentarán sus programas. El día anterior, primero de mayo, los trabajadores estarán en las calles de Francia para manifestar su fuerza, su rechazo a la extrema derecha, y recordar al futuro jefe del Estado francés las urgencias económicas. El mismo día, Marine Le Pen organizará un acto en la Plaza de la Ópera, en París, en el cual anunciará si apoya oficialmente, o no, a Sarkozy.
Francia: el gallo cantó contra Merkozy
Las elecciones presidenciales
francesas tienen una gran importancia, y no sólo para Francia. En ellas se dirime también la quiebra o la continuidad del nefasto eje franco-alemán de Merkozy [Merkel-Sarkozy], que está
imponiendo al conjunto de la UE una suicida política procíclica de consolidación fiscal, en plena inmersión del continente en una segunda recesión.
|HUGO MORENO – ANTONI DOMÈNECH – G. BUSTER.*
Lo primero que merece destacarse de la primera vuelta del 22 de abril es el elevado índice de participación: cerca de un 80%, holgadamente superior al comúnmente pronosticado. Se diría que el electorado francés ha entendido la gravedad política del momento, para Francia, no menos que para el conjunto de la UE.
Los vanílocuos delirios de parvenu de un presidente que se creyó rey han recibido un correctivo importante: Sarkozy apenas recogió un 27,2% del sufragio, contra un 28,8% del candidato que ahora va en cabeza, el socialista Hollande. Caso inédito en la historia de la V República: no hay precedentes de un presidente en el cargo que obtenga en la primera vuelta menos votos que su principal contrincante. Aun así, la diferencia de 1,45 puntos que le ha sacado Hollande son menos de lo pronosticado, habida cuenta del descrédito generalizado en que ha venido a parar el frenesí zascandilesco de la presidencia del marido de la señora Bruni y meritorio de la señora Merkel.
El Frente Nacional, partido abiertamente xenófobo y racista, heredero de la derecha fascista, se coloca en tercera posición, rebasando sorprendentemente el 17% del sufragio y quedando muy por delante de la gran revelación de estas elecciones, el sólido candidato del Frente de la Izquierda, el socialista de izquierda Mélenchon, que ha tenido que conformarse con algo más de un 11%.
El FN se ha presentado como un partido antisistema, casi como el partido del cuarto estado, enemigo de la banca y de la gran empresa plutocrática, y como el gran defensor de la soberanía nacional en una República convertida por la UE en mera gestora de intereses timocráticos: ha recogido el voto de la mayoría de jóvenes entre 18 y 24 años.
De poco o nada le ha servido a Sarkozy esconder vergonzantemente a Merkel (que se ofreció a ayudarle en campaña) y escorar espectacularmente su campaña hacia los peores tópicos de la extrema derecha y vestir al maniqueo (al inmigrante) con traje prêt à porter de apresurada confección.
La presidencia erráticamente neoliberal y rendida a Berlín de Sarkozy ha desbaratado políticamente al centroderecha republicano francés gaullista —de
ascendecncia netamente antifascista—, regalando de barato a la derecha neovichysta del FN la bandera de la defensa de la soberanía nacional —”la excepción francesa”— y de los intereses de
un menu peuple aterrorizado por la crisis del “sistema” y por la espuria gestión de los políticos del “sistema”.
Et pour faire la bonne mésure, la campaña de Sarkozy ha contribuido a legitimar y a hacer “respetables” ante el
grueso del propio electorado las botaratadas xenofóbicas lepenianas.
Hollande no nació ayer. Su cargado pedigree es, en efecto, el de un político del “sistema” donde los haya (un Blair, un Schröder, un González o un Zapatero cualquiera), corresponsable como el que más de la ignara deriva neoliberal del socialismo y del necio diseño institucional de la UE que ahora nos ha puesto a todos al borde del precipicio.
Pero ante la catástrofe económica y política en ciernes, ha tenido o reflejos o picardía o lucidez bastantes como para desmarcarse tajantemente del rumbo suicida —para la UE y para la República francesa— merkozyano. Ni siquiera se ha privado de lanzar proclamas “populistas” tan certeras como campanudas: “La banca es el enemigo”. Para ganar en la segunda vuelta, el 6 de mayo, tendrá que contar con una amplia alianza. Es harto probable que discurra en su favor, por los motivos que luego veremos.
Por lo pronto, cuenta con el voto seguro de los votantes de Jean-Luc Mélenchon —el Frente de Izquierda, que reagrupa al PCF, al Partido de Izquierda y a la Izquierda Unitaria— y de otras fuerzas menores, más o menos grupusculares, como los Verdes de la señora Joly y acaso también de dos partiditos de la extrema izquierda postrotskista.
El espléndido Mélenchon logró reunir masas enormes en sus mítines, superiores en número a cualquier otra movilización. Arrancó con una modestísima estimación de voto en torno al 3%, pero la consistencia ideológica, la solvencia política y la deslumbrante oratoria de su brillante campaña de político culto a la vieja usanza hizo esperar a muchos que, al final, rebasaría incluso al FN y se colocaría inopinadamente como tercera fuerza política. No ha sido así.
En todo caso, está fuera de duda que la dinámica de la campaña Mélanchon ha contribuido a clarificar, a ilustrar y a radicalizar (en la buena dirección) posiciones. Su decidido internacionalismo —en su mítin del pasado 14 de abril en Marsella se acordó de la II República española y su auditorio, decenas de miles de personas, respondió con un unánime y emocionante “¡No pasarán!” (ver aquí) ha sido también un soplo de aire fresco en unas elecciones demasiado monopolizadas por las cuitas del Hexágono
El centrista democristiano François Bayrou, obtiene 8,8 %; los Verdes Ecologistas de Eva Joly, 2,3%. Por último, la extrema izquierda, el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista, una especie de trotstkismo postmoderno procedente de la LCR), que logró apenas un 1,2%, y Lutte Ouvrière, otra corriente trotstkista más tradicional, con un 0,6%, cosechan lo que acaso merece un sectarismo miopemente cocido en su propio jugo: la insignificancia política.
La primera vuelta de las elecciones presidenciales admite dos lecturas, una francesa y otra europea. La europea es francamente interesante: la probabilidad de victoria de Hollande en la segunda vuelta es muy alta, lo que traerá consigo la quiebra del asfixiante “grillete Merkozy”, ese suicida dogal fiscal que está destruyendo a la Unión Europea: no es improbable que la victoria de Hollande el 6 de mayo sea celebrada (a hurtadillas) en los gabinetes de Madrid, Roma y Lisboa tanto o más que en las calles de París.
La lectura estrictamente francesa es algo menos esperanzadora. Hollande sólo le ha sacado 1,45 puntos a un desprestigiadísmo Sarkozy.
Y el conjunto de la derecha (Sarkozy, Le Pen, Bayrou y el
pintoresco Nicolas Dupont-Aignan suman cerca de un 56%) se ha impuesto electoralmente en la primera vuelta al conjunto de la izquierda (Hollande, Mélenchon, Verdes y las extremas
izquierdas suman en torno a un 43,76%).
En lo que hace a la segunda vuelta del 6 de mayo, se puede conjeturar que buena parte de los electores centristas de Bayrou, horrorizados con las piruetas extremistas de la campaña de Sarkozy, votarán a Hollande. Y Le Pen no llamará a votar en la segunda vuelta por Sarkozy. Sabe que la presidencia de Merkozy ha devastado al centroderecha republicano laico gaullista, de ascendencia antifascista.
Marine Le Pen es una política joven (42 años), inteligente y ambiciosa, y aspira visiblemente a culminar la tarea destructora de Sarkozy, para convertirse
ella en la jefa de la oposición al “sistema” y a Hollande, y construir a medio plazo una nueva derecha, más que fascista (al estilo de su padre), postantifascista. En esos cálculos
probables, pero poco gloriosos y no demasiado esperanzadores, por ahora, se fundan las posibilidades de victoria de Hollande en la segunda vuelta.
——
* Periodistas. Integran el Comité de Redacción de SinPermiso (www.sinpermiso.info) —donde se publicó originalmente este articulo.
| . Elecciones en Francia. |
| El resultado de Philippe Poutou y el porvenir del anticapitalismo |
| 23/04/2012 |
| Samy Johsua |
|
El choque del resultado de Le Pen no debe impedir analizar otros datos. Por ejemplo los resultados del NPA. Al final, Philippe Poutou ha logrado
un avance mediático y ha ganado una amplia simpatía, gracias también a la clara mejora de su trabajo. Los mitines se han llenado. ¡Tanto mejor! Esto permite felizmente sacar un
balance que pone de lado un juicio sobre la persona para discutir más serenamente sobre la línea que ha defendido. Y sobre su resultado.
Si Besancenot obtenía, en 2007, 1,5 millones de votos, y el 45% de los votos a la izquierda del PS (en un contexto en el que el recuerdo de 2002 [la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales se disputó entre el candidato de la derecha, Jacques Chirac, y el de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen que superó al candidato del PS, Lionel Jospin] estaba aún muy vivo), Poutou obtiene justo un poco más de la cuarta parte de esos votos y el 9% de ese total. Esto cuando la fuerza del voto útil, en relación a 2002, ha retrocedido claramente y el total de los votos de izquierda ha progresado en relación a 2007. No había nada de inevitable en una caída de una amplitud así, que es el resultado de una sucesión de decisiones políticas desgraciadas antes, durante y después de su designación. Ha habido pues un grave error de análisis sobre lo que estaba en juego en estas elecciones. El corazón de la campaña del NPA, “el candidato obrero”, el que es “como nosotros”, puede hacer ganar simpatía, pero es un perfil incapaz de fundar una política. Sobre todo cuando todo el mundo podía sentir a su alrededor la subida catastrófica del FN. El candidato mismo explicaba que no veía bien lo que pintaba allí, ni lo que estaba en juego específicamente en estas elecciones. Cuando habría habido que llamar a un gobierno de combate, mi camarada Poutou, por su parte, remitía a la gente a su impotencia anunciando que él se “autodisolvería” si le eligieran. La izquierda revolucionaria sale profundamente dividida de las elecciones, y el NPA en particular. En el plano electoral, ha vuelto a las aguas de 1981 (2,30 para Laguiller [Lutte Ouvrière]), cuando estalla la crisis del capitalismo. La campaña del NPA estuvo voluntariamente desfasada, pero totalmente a contratiempo de las exigencias de la situación. Atrayendo interés, pero con una influencia política inevitablemente reducida. Cuando el temor de la crisis paraliza las conciencias, cuando los odios estallan equivocándose a veces de dirección, cuando en todas partes se está a la búsqueda de salidas creíbles y coherentes, la idea de que la preocupación principal sea el rechazo de los “políticos profesionales” no golpea en lo esencial, aunque tenga su legitimidad. La cuestión no es ya quién habla (si lo ha sido alguna vez hasta ese punto) sino lo que se dice. Al final, el anticapitalismo reducido alcasting (¿quién habla?) no tenía ya verdadera razón de ser, salvo de forma superficial. Y ha perdido totalmente, como es lógico, el apoyo de los militantes de los movimientos sociales, que son únicos capaces sin embargo de responder a las tareas que no dejarán de venir. Mélenchon consigue mejores resultados de lo que se pensaba en otoño. Pero menos evidentemente de lo que esperaba el Frente de Izquierdas. Finalmente, la suma de porcentajes de la izquierda radical no supera su nivel de 2002, repartida de forma diferente, como es evidente. Una decepción, y una nueva prueba de que no es tan fácil superar solo en el plano electoral los fracasos del movimiento social. Queda que Mélenchon ha abierto salidas con un antiliberalismo radical, ha intentado dar una respuesta a una voluntad de unidad frente al social-liberalismo, y ha llevado a cabo una campaña con una dinámica de masas importante. Esto no debe, sin embargo, ocultar desacuerdos que pueden potencialmente tener su importancia en el futuro, en una perspectiva anticapitalista. La referencia omnipresente a “La República” es ambigua en la historia del país, y no es por azar que sea reivindicada también por Sarkozy y tantos otros. Hay en Mélenchon la referencia a 1793 y a La Comuna de París. Pero también el saludo a la “presencia de Francia” en todos los continentes (dicho de otra forma, en las últimas colonias), a la política de Estado a la manera gaullista, a una alianza directa con bellas democracias como China y Rusia, a la venta sin escrúpulos de armas “francesas”, al mantenimiento de ladisuasión nuclear, mas las tentaciones fluctuantes sobre el proteccionismo. Esto elimina en absoluto la evidente muy amplia zona de acuerdos entre los ejes anticapitalistas y el programa del Frente de Izquierdas. Ha sido atacado con todo tipo de armas por los liberales arrogantes, sentados en sus certezas. Y sin embargo es insuficiente en ciertos puntos para hacer frente a enemigos cuyo poder no puede ser subestimado. Por ejemplo, se planteará la cuestión de una moratoria inmediata de la devolución de la deuda si no se quiere dejarse asfixiar como el pueblo griego, y por tanto la cuestión de la apropiación social completa de las herramientas financieras. Sobre todo, lógicamente, la gran ausencia de la campaña del Frente de Izquierdas -enteramente centrada en la “revolución por las urnas”- fue la del alcance autónomo del movimiento social (y de los movimientos sociales en su diversidad). Y se ve que no es tan fácil avanzar en el plano electoral sin el motor de la movilización puramente social. Mélenchon anuncia, con razón, la necesidad de la resistencia a los mercados que no dejarán de atacar incluso las débiles veleidades de Hollande si es elegido. Pero ¿cómo hacerla, una vez pasadas las elecciones, si no es, primero en la movilización de calle y el combate social llevado hasta el término de su lógica más allá de las habituales dudas de las direcciones? Esta pregunta estará en el corazón de los debates que vienen y será planteada, por necesidad, bastante más allá de los círculos anticapitalistas. ¿Y ahora? Queda librarse de Sarkozy derrotándole lo más ampliamente posible por un voto Hollande. Coloquémonos resueltamente en la perspectiva optimista, la de la derrota indispensable del presidente saliente. Un punto fundamental es que más allá del resultado, quizá decepcionante para el Frente de Izquierdas, la campaña de Mélenchon ha dado fuerza a la voluntad de que se reagrupe una “verdadera izquierda”. Y las multitudes que se agolpaban masivamente en los mitines esperan que esta esperanza tenga prolongación. Incluso si se ven claramente las dificultades que se presentan. Desde hace ahora 15 años, los anticapitalistas afirman su disponibilidad para una tal unidad a condición de que no sea liquidada en una nueva alianza dominada por el PS. Punto nuevo y muy positivo, a la vez el Partido de Izquierdas y -sobre todo- el PC dicen haber tomado conciencia del peligro corrido en agarrarse al carro de una nueva “izquierda plural”, y de que los programas de Hollande y el de los antiliberales no son compatibles. Ciertamente hay que ser prudentes en esta materia. ¡Nos hemos acostumbrado hasta tal punto a que la verdad de hoy no sea siempre la de mañana! Las sirenas de una nueva unión de la izquierda no han perdido toda su seducción, sobre todo en la perspectiva de legislativas que serán bastante más difíciles de lo esperado. Sin embargo, si todo esto se traduce en una alianza con el PS, son evidentemente las propias promesas antiliberales las que quedarán condenadas de forma duradera. Pero si la opción de la separación se confirma (y si no es desviada luego, por ejemplo, votando en la Asamblea a favor de la moción de confianza a un gobierno PS/Europe Ecologie, aunque cuente con una mayoría absoluta) entonces por supuesto la razón principal que impedía un acercamiento duradero estará levantada. La decisión de los anticapitalistas debe ser ponerse en medida de participar en los bloques políticos y sociales con las fuerzas y sectores que estarán en el rechazo de la política de Hollande, si éste triunfa. Si el previo de las relaciones gubernamentales con el PS está levantado, el espacio de una recomposición así será el de un debate principalmente con el Frente de Izquierdas. Éste no debe seguir siendo un cártel, estrechamente controlado por arriba, como ocurre hasta hoy. Debe comportar una estructuración perenne en la base, lo que va parejo con la posibilidad de colaborar en ese bloque por adhesiones directas, y la representación de esas estructuras de base en instancias locales y nacionales. Es por otra parte del interés de todo el mundo que exista una alternativa ecosocialista y anticapitalista que se afirme. Componente para la que, si es justo combinar la batalla en el seno de las instituciones existentes, la experimentación social transformadora, las movilizaciones extraparlamentarias, estas últimas siguen siendo un marco prioritario dando la posibilidad de que “la emancipación de los trabajadores (sea) obra de los propios trabajadores”, en un enfrentamiento inevitable con un enemigo que concentra el poder económico, político, ideológico y represivo. El NPA está ante una decisión vital para que la influencia de la izquierda revolucionaria (que no se limita felizmente al resultado de Philippe Poutou y de Nathalie Arthaud) no sea aún más debilitada y definitivamente esterilizada. Con ocasión de su próxima conferencia nacional (convocada para los días 7 y 8 de julio), debe tomar resueltamente otra ruta. Cuando la amenaza Le Pen se hace aún más acuciante, lo que él mismo ha puesto como condición para un reagrupamiento está posiblemente a punto de realizarse. No es cierto todavía, es verdad. Pero si esto se confirma, debe sin más esperar salir del aislamiento en que se ha encerrado cuando la extrema derecha está en ascenso. En la prosecución de su proyecto fundador, le es preciso trabajar al mismo tiempo en construir una nueva formación con todos los anticapitalistas, desgraciadamente hoy de nuevo demasiado dispersos. Una maldición de la que habrá que librarse algún día. Una nueva formación, pues, en el interior de un amplio bloque unitario, político y social, contra la austeridad tanto de derechas (si a pesar de todo Sarkozy logra ganar) como de izquierdas. Lo que sigue al escrutinio impone este doble reagrupamiento frente a los temas de la resistencia a la crisis capitalista y a la política muy probable de Hollande si es elegido. Puede marcar una inflexión en Europa, mostrar una vía nueva y abrir al fin otras posibilidades que las de la letanía de las derrotas y los retrocesos. 23/04/2012 Samy Johsua es militante del NPA. http://blogs.mediapart.fr/blog/Samy%20Johsua Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR
Baja asistencia a las urnas en primeras horas de presidenciales francesas
Una de las incógnitas del actual proceso electoral es el comportamiento de la abstención, ubicada según las encuestas entre el 25 y el 29 por ciento. El récord de inasistencia a los centros de votación ocurrió en 2002, cuando 28,4 por ciento de electores dejaron de ejercer ese derecho. A diferencia de otros países europeos, en Francia el voto no es obligatorio. Los 10 candidatos a la presidencia ya votaron y el primero de ellos fue François Bayrou, en la localidad de Pau, en los Pirineos Atlánticos, y el último Nicolás Sarkozy, en el distrito XV de esta capital. Ninguno hizo declaraciones a los medios de comunicación, en estricto acatamiento del silencio proselitista impuesto por las autoridades. Los centros de votación estarán abiertos hasta las 18h en el 70 por ciento de las comunas, aunque en las grandes y medianas concentraciones urbanas funcionarán una o dos horas más. A las 20h se comenzarán a transmitir las primeras estimaciones sobre los resultados y durante el resto de la noche o la madrugada del lunes se conocerán los datos oficiales del evento. PL
François Hollande vence en la primera vuelta de las presidenciales francesas
El socialdemócrata, que según los sondeos ha obtenido un 27,5 por ciento de los votos, se aprovecha así del duro castigo que los votantes han propinado a Sarkozy, cuya imagen pública se ha resentido durante los últimos meses. El presidente obtendría un 26,6 por ciento de los votos según las primeras proyecciones oficiales divulgadas por el Ministerio del Interior galo, con un 34 por ciento de los votos escrutados. Una encuesta de Ipsos estima una abstención del 19,7 por ciento. Un hecho relevante es el auge de la extrema derecha, encabezado por la candidata Marine Le Pen, que se ha convertido en la otra gran protagonista de los comicios. Con un 19,9 por ciento de los votos según estas cifras iniciales, Le Pen supera el mejor resultado obtenido en 2002 y se posiciona por delante del líder del “Frente de Izquierda”, Jean-Luc Mélenchon, que se ha hecho con un 10,4% de los votos. LibreRed.net |









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