Colombia: Después de la tormenta

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Crónica desde la resistencia

Después de la tormenta

Calarca.jpgLos caminantes han regresado ya a sus sitios de orígen. Lentamente, Bogotá se normaliza en el caos y vuelve a ser la misma urbe fría y desmesurada, repleta de catacumbas en el asfalto e infartada por los embotellamientos, luego que los estudiantes la llenaran de colores por un día. Pareciera que nada hubiese cambiado entre este laberinto de indiferencia después de la insurrección universitaria. Pero si que han cambiado cosas, hemos cambiado nosotros.

Después de la tormenta, de las movilizaciones y las encendidas deliberaciones al interior de la Universidad Nacional quedan dos sentimientos encontrados. Por un lado se ha logrado algo enorme con la movilización sentando un valioso precedente; pero de otra parte no encontramos los consensos necesarios en medio de la frustración y el debate. Aún así los caminantes vuelven a su tierra radiantes y felices: se sienten vencedores.

Descansando.jpgLa nuestra es una generación heredera de muchas derrotas, quizá por eso sea tan valiente e irreverente. Nacimos cuando caía el muro de Berlín y se proclamaba el Nuevo Orden Mundial. Crecimos con el desmonte de todos los derechos adquiridos durante décadas. Nuestra adolescencia llegó a la par con la decadencia de un sistema que no tiene nada para nosotros, ni siquiera el espejísmo del futuro. Maduramos cuando se consolidaba en Colombia el dominio absoluto de la oligarquía y las motosierras. Por eso cuando un reducido grupo de jóvenes aguerridos decidió hace dos meses lanzar contra izquierda y derecha una huelga en la Universidad Tecnológica de Pereira poco le importaba si se aprestaba a recibir un nuevo fracaso porque quería recibirlo de pié. Ese trueno iluminó un panorama nacional donde todos se creían derrotados de antemano. Dicen que luchando puedes perder pero si no luchas ya estas perdido. Entonces una vez más, luchamos, porque es nuestro único camino.

Fusagasuga.jpgEn un pulso de más de dos meses los truenos de resistencia se convirtieron en un temporal imparable para el gobierno. Y es que los derrotados somos invencibles: se necesitaron ríos de gente, detenidos, un estudiante asesinado, noches de esfuerzo y sacrificios, miles de pequeños gestos a lo largo y ancho del país que unidos desembocaron en una de las protestas más significativas de los últimos años, para torpedear los planes de los poderosos.

En medio de la efervescencia hay quien dice que esto no ha sido una victoria, pero fascistas como Francisco Santos expresan su preocupación por el desenlace de la protesta estudiantil y aquello es el mejor síntoma posible, el mejor indicio de que les golpeamos duro. Hay quien dice que es una victoria definitiva, pero aquello sería mentirle al país porque apenas si hemos conseguido frenar una reforma. Para los muchachos que emprendieron una marcha a pié cuando todo era incierto, en un salto al vacío de gran resonancia, la victoria definitiva ha sido otra. La victoria es tomar consciencia de nuestra fuerza y nuestro poder.

La-linea.jpgQuería escribir esta última crónica para agradecer a todos los compañeros y compañeras que sacrificaron sus intereses personales lanzandose a esta aventura, pero eso sería mezquino. Ninguno de nosotros hizo esto esperando gratitudes o reconocimientos. Ni la estudiante de medicina que cuidó de todos como una madre, ni el fotógrafo que arruinó su rodilla a fuerza de arrastrarse por las carreteras dejando un testimonio gráfico del recorrido, ni los cientos de compañeros que enviaron dinero, víveres, saludos y esperanzas mientras otros caminabamos, todos anónimos.

Tolima.jpgAl momento de salir el bus de regreso los marchantes extenuados por las deliberaciones y el frío de la capital se meriendan con cientos de panes que la Alcaldía del PDA entregó a los universitarios. Siguiendo la lógica de Rafael Pombo, Clarita López aplica muy bien el “dame palo, dame palo, pero dame que comer”, porque los panes están deliciosos pero sus policías nos hicieron pasar muy malos ratos. Bogotá se sumerge otra vez en un aguacero mientras en todo el país las asambleas estudiantiles están discutiendo el levantamiento del paro y las condiciones exigidas de desmilitarización de las universidades, liberación de los compañeros detenidos y saneamiento de la crisis presupuestaria.Universidad-del-Quindio.jpg

Un chico de la Universidad Distrital, donde hemos acampado y comido los últimos días, sube al bus y despide los marchantes de manera emotiva. “Esta es su casa, nunca se olviden que nosotros somos sus hermanos”. Aprendimos el valor de la solidaridad y además enseñamos: estamos mostrando nuestro camino, que ya no es un camino para resistir sino para ganar. No es tiempo para dejar de caminar.

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Camilo de los Milagros.

 

 

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