Uruguay: Palabras tupamaras en la voz de Ricardo Elena

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Montevideo, 14 de septiembre de 2011. Paraninfo de la Universidad de la República.

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 En la imagen, los representantes de la fundación Ariel Silva (d), Ricardo Elena (c) y Sylvia Lago (i). EFE

 

 

Estudiantes, razón de ser de esta Casa;

Docentes, cuya misión es la reproducción ampliada del conocimiento y más aún, de la sensibilidad hacia el otro ser humano.

Queridos compañeros, presentes y ausentes.      

                         Amigos y amigas todos:

 

 

Somos los orientales del Uruguay, querámoslo o no, los navegantes de este país pequeño y persistente, país de la cola de paja, verde y herido, de las redotas y los éxodos, de la memoria y los sueños, las glorias, las nostalgias  y los éxitos celestes.

 

Es una patria joven, que se reconoce como parte inseparable de Nuestra América, mestiza y mulata, que con sus héroes habló y habla al mundo con un lenguaje cálido y nuevo.

 

Y lo debe hacer hoy más que nunca, ante el peligro de autoextinción de la Humanidad, que temía Mario cuando escribía: “No tengo miedo a mi muerte sino a la de la Humanidad”.

 

 Como Mario, el “pequeño gran hombre” que hoy nos vuelve a convocar, creemos que hay que seguir, con la memoria en el buen y el mal pasado, caminando en el presente y respirando sueños y utopías con la vista en el futuro. Porque “contra el optimismo no hay vacunas”.

 

El Consejo de la Fundación está cumpliendo lo dispuesto por Mario: perpetuar su memoria defendiendo la cultura

y los derechos humanos esenciales.

En consecuencia, hemos resuelto instituír el Premio Internacional “Mario Benedetti” para quienes hayan sobresalido en la Defensa de los Derechos Humanos y en su Solidaridad con las víctimas de la violación de los mismos.

 

t_leonard_peltier_199.jpgFuimos unánimes en asignar este premio, que se da por primera vez, a Leonard Peltier, indígena de la Nación Sioux Dakota de nacimiento y Lakota de adopción, por la defensa del derecho de su pueblo a la Vida, a la Tierra y a su Cultura milenaria.

 

La “reserva” inhóspita donde sobrevivía el pueblo Lakota asentaba sobre uranio, por lo que guardando ese secreto, se inició en 1973 una campaña de atropellos y crímenes contra los habitantes de Oglala hasta que tuvieron que irse a un predio privado que los acogió, donde acamparon hombres, mujeres y niños.

Allí la Asociación de Pueblos Indígenas envió quince personas (nueve mujeres y seis hombres) entre ellos Peltier, como jefe y protector de los perseguidos.

Un día de 1975 agentes motorizados del FBI y paramilitares entraron como una tromba en el predio, hubo un tiroteo y murieron dos agentes del FBI y también a consecuencia del desastre, varios indígenas que se sumaron a los más de 70 que habían muerto en esos dos años.

 

Por cumplir esa misión de presencia protectora como jefe de su Nación,  Leonard fue injustamente acusado, y castigado sin prueba ninguna, con “dos condenas a prisión perpetua y siete años más” en el año 1975 en Dakota del Sur, Estados Unidos de América.

 

Ridículo, sino fuera trágico.

 

Reiteradas solicitudes de liberación, incluso de Nelson Mandela, han fracasado.

 

Hoy pedimos abiertamente desde aquí, sin diplomacia mas con toda nuestra pasión solidaria,  a todos aquellos que representan dignamente a sus pueblos en el mundo, que se adhieran pública y expresamente a Leonard Peltier.

 

Lo homenajeamos como digno sucesor del héroe sioux “Caballo Loco”, adalid de la resistencia indígena del norte del Continente.

 

En su lucha, Peltier no está solo: desde los mapuches y tehuelches del extremo Sur hasta los esquimales del extremo Norte, todos, han sufrido por siglos  y sufren hoy también la invasión y la agresión feroz a sus civilizaciones diversas.

 

Siempre por una sola causa: la ambición ilimitada de los poderosos del mundo.

 Tampoco esta lucha se provocó solamente en el mal llamado “Nuevo Mundo”. También ha sido siempre la lucha principal de todos los indígenas de África, de Oceanía y de Asia, para defender sus vidas y culturas, muchas  de ellas anteriores a la europea.

 

Todo pueblo invadido tiene razón.

 Sea cual sea su forma de lucha, violenta o pacífica, y sea cual sea la forma de invasión y ocupación, abierta o solapada, con misiles o monedas, con tropas enemigas o tropas en  supuesta “misión de paz”.

 

Los pueblos en desgracia no necesitan represión: precisan médicos, maestros, agrónomos, músicos, profesionales y técnicos que voluntaria y solidariamente vayan a enseñar y a aprender, dando paz y alegría, ayudando sin fines de lucro.

 

Los imperios están unificados en el presente en un sistema inhumano, cruel, donde una plutocracia cada vez más rica, concentrada e inescrupulosa es sostenida gracias al consumismo de  sirvientes enajenados y al peor escándalo, crimen y vergüenza del siglo, al decir de Mario: la pobreza.

La miseria.

Un niño muere de hambre en el mundo cada cinco segundos, ¡cada vez que parpadeamos…!

 

No todos lo aceptan sin luchar.

Hubo siempre en la historia personas que cargaron en sus hombros la dignidad de sus pueblos invadidos, agredidos.

Los Macabeos y Jesús, Juana de Arco y Juana Azurduy, Tupac Amaru y Tupac Catari, Toussaint y Pétion, José Artigas y Andrés Guacurarí, Simón Rodríguez y Bolívar, San Martín y Santucho, Juárez y Martí, Zapata y Sandino, Mella y Echevarría, Líber Arce y Rafael Varona, Manuel Rodríguez y Manuel Gutiérrez, el Che y Allende, Martirena y Miranda (¡escribanos hijos de esta Universidad!); Sendic y Zelmar.

 

Todos ellos nos enseñaron que la ética no se predica: se practica, se enseña con el ejemplo.

Mario Benedetti y Leonard Peltier son ejemplo de coherencia entre pensamiento, palabra, y conducta.

 

Leonard Peltier representa la lucha de todos los pueblos indígenas y además, es tal vez el preso político más antiguo del mundo, justo en el corazón del imperio..

 

La Fundación “Benedetti” se reconoce desde Uruguay, en el espíritu de Mario, inseparable de toda Nuestra América, y de todo el universo humano, uno y diverso, siempre despreciado, explotado y lesionado por los imperios.

 

Cuando en el Norte se han dado premios por la Paz a conocidos genocidas, desde el Sur la  Fundación “Mario Benedetti” quiere disparar su honda, como David, sobre la mejilla del gigante.

¡Que este ^Premio signifique siempre la dignidad de los pobres, de los olvidados del “último mundo” ante el desprecio de los magnates del “primero”!.

 

Y aspira a seguir distinguiendo a los hombres y mujeres libertarios que, como Peltier, odian profundamente, desde lo más hondo de su corazón, cualquier clase de tiranía; y aman la vida, la libertad, los derechos y la felicidad de los pueblos, por los que luchan solidarios, sin ofender ni temer a nadie.

 

Que los  que la injusticia ha hecho  más infelices, sean los más privilegiados, en el reconocimento fraterno a su resiliencia tenaz.

 

Dicho reconocimento está representado materialmente hoy aquí por esta  hermosa estatuilla de bronce, hecha y ofrecida por nuestro querido artista plástico Octavio Podestá al homenajeado Leonard Peltier.

 

Es un Premio simbólico, no es material.

Pero se afirma en una riqueza incomparable con ninguna otra, que es el corazón de este pueblo digno.

 

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