Devueltos por la crisis: Uruguay recibe más de 350 "retornados" por mes

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

El 25% de los que vuelve tiene un nivel educativo alto, y 8 de cada 10 están en edad de trabajar. Ahora, el regreso no siempre es el soñado. ¿El país está preparado para recibir ese aluvión?


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DANIELA BLUTH

 

Cada día, 17 personas esperan en una sala a ser atendidos por un funcionario de la oficina de Retorno y Bienvenida del Ministerio de Relaciones Exteriores. Buscan asesoramiento legal, laboral, social y hasta afectivo. Pero el personal está desbordado. Por hora recibe entre dos y tres llamadas telefónicas o mails con consultas. La mayoría viene del hemisferio Norte, pero también hay de la región. Según sus registros, en lo que va de 2011 la cantidad de uruguayos que vuelve al país cada mes se triplicó respecto a 2009, alcanzando un promedio de 350 "retornados". De ellos, 90% llega de España y Estados Unidos y pertenece a lo que los especialistas denominan "emigración reciente", o sea, los que salieron entre 2000 y 2006. Además, 30% pertenece al sector más rico de la población y 25% tiene un nivel educativo alto, según un Perfil Migratorio para Uruguay elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) al que accedió Domingo. Pero el fenómeno no acaba allí, pues involucra una arista que pocos tienen en cuenta: ¿está el Uruguay preparado para recibir ese aluvión migratorio?

"No sólo desde el Estado, sino desde toda la sociedad no estamos preparados para entender la complejidad del fenómeno", asegura Ana María Sosa, directora de la Oficina de Retorno y Bienvenida de Cancillería, que oficia como una suerte de puerta de entrada de los uruguayos. Si por su despacho desfilan entre 300 y 350 personas por mes, se estima que los "retornos efectivos" son bastantes más, pues hay muchos que no pasan por allí "porque son del interior o simplemente no requieren nada de la oficina", que funciona desde diciembre de 2008 como parte de la Dirección General para Asuntos Consulares y Vinculación, popularmente conocido como Departamento 20 (D20). Calculan que entre 2007 y 2009 hubo alrededor de 4 mil regresos.

Este nuevo escenario no es exclusivo de Uruguay. La migración es uno de los "temas mundiales determinantes" en estos primeros años del siglo XXI, estima la OIM, con oficina en Uruguay desde 1956. Cada vez más gente se traslada de un lugar a otro. Actualmente, hay cerca de 192 millones viviendo fuera de su país de origen, lo que representa alrededor del 3% de la población mundial. Eso significa que una de cada 35 personas en el mundo es migrante.

Pero no todos ellos están en la misma situación, ni de salida ni de llegada. Según el Perfil Migratorio, de próxima publicación, "el stock de inmigrantes de retorno" llegados entre 2000 y 2008 se distribuye de forma similar entre los procedentes de Argentina (25%), Estados Unidos (22%) y España (21%). Antes de 2000, en cambio, más de la mitad venían desde Argentina (55%), seguido muy de lejos por Brasil (10%) y otros destinos regionales (13%).

El informe, cuyos datos fueron procesados por el equipo técnico de Adela Pellegrino, indica que el retorno tiende a ser selectivo por sexo y edad: ocho de cada 10 retornados está en edad activa y la mayoría son hombres. Asimismo, señala que la cuarta parte posee nivel terciario -al menos 13 años de estudio-, lo que indica un nivel educativo alto. En tanto, los que llegan de Argentina tienen menos formación que el resto.

Si se los clasifica según el ingreso de sus hogares, el estudio muestra que 30% de los retornados integra el quintil más rico, mientras que sólo 12% se ubica en el más pobre. Además, aparecen "diferencias significativas" según el país de procedencia, señala la encargada de la oficina de OIM en Uruguay, Alba Goycoechea. Los retornados con mayores ingresos provienen de España, en segundo lugar de Estados Unidos y bastante más lejos se ubica Argentina.


DEPORTADOS.

  Carlos Ortiz volvió a Uruguay hace un año después de vivir una década en New Jersey, Estados Unidos. Su plan era regresar en 2011, pero no tuvo opción: en agosto fue deportado mientras iba rumbo a la empresa de mudanzas en la que trabajaba junto a un compañero, indocumentado igual que él. "A las dos cuadras nos pararon, nos esposaron y nos llevaron a una cárcel. Estuve 34 días hasta que me deportaron y aparecí acá", sintetiza, todavía con tono de incredulidad. "Ellos (por los policías de migraciones) sabían a quién iban a buscar, no era yo, era él (por su amigo). Caí de rebote, pero no pude zafar", agrega. Paradójicamente, ese día jugaba Uruguay contra Ghana por el Mundial de Sudáfrica y Carlos llevaba la bandera en la mochila.

Junto a los casos de los repatriados, los deportados -fundamentalmente de Estados Unidos- conforman el grupo que el D20 de Cancillería define como el de "mayor vulnerabilidad". Llegan a esa situación extrema por no tener documentos que les permitan residir y trabajar en el país de destino. "Más allá de la pérdida material, el impacto emocional es muy fuerte", dice Gerardo Pérez, director del área de Vinculación.

A Carlos el sueño americano se le terminó en cuestión de segundos. "Hasta aquí llegamos. Se terminó todo", fue lo primero que pensó cuando lo detuvieron. Ahora extraña a su hijo, que acaba de terminar el high school pero por ser indocumentado no puede comenzar la Universidad.

"Es raro, y más raro es explicarlo y que te entiendan", dice este uruguayo de 50 años que ahora volvió a la casa de su madre junto a sus hermanas. Gracias al ofrecimiento de un amigo "de toda la vida" consiguió trabajo en un Red Pagos, pero renunció hace un mes. La oficina de Retorno y Bienvenida lo contactó con algunas bolsas de empleo; se anotó pero nunca lo llamaron. Su próxima escala es Argentina, donde ya hizo averiguaciones para abrir un local de ropa. "Acá todo es más limitado, hay mucho trámite que no te lleva a nada", explica. Aunque su tono demuestra desencanto, Carlos es consciente de que las dificultades que está pasando no son un patrimonio exclusivo. "Mucha gente que la deportan se piensa que venimos acá y que tienen obligación de darnos algo, pero no es así, los que vienen y los que están tienen los mismos derechos, por venir de Estados Unidos no quiere decir nada…".


CALIFICADOS.

El 100% de las personas que va a la oficina del D20 lo hace en busca de trabajo. En segundo lugar solicitan salud y vivienda (ver recuadro). Sin embargo, tanto Sosa como Pérez coinciden en que ellos son facilitadores pero no tiene la solución final. "Nuestra tarea consiste en sistematizar y recoger información acerca de las personas que retornan y derivar a las reparticiones del Estado que atienden cada tema, pero es imposible resolver toda la problemática de cada caso", explican. Tampoco se "destinan recursos económicos directos", sobre todo para no generar diferencias. "No se trata de concesiones especiales para quienes retornan en detrimento de quienes están residiendo, sino que quienes llegan puedan tener las mismas posibilidades de acceso que cualquiera que vive en el país", señala Sosa.

En el imaginario popular, dicen los expertos, el que se fue solucionó su vida afuera y por lo tanto no es "un tema a tener en cuenta". Sin embargo, la mayoría de los que vuelve no alcanzó un proyecto migratorio exitoso. "La situación en la que llegan es muy frustrante. Se fueron por no poder hacer su vida en el país donde nacieron, no lograron el proyecto que en un momento idealizaron, y si no tienen una reinserción positiva el escenario es complejo".

La situación de María (quien prefiere no revelar su apellido) es complicada, pero ella se la toma con humor. Se fue a Barcelona en 1997 a probar suerte y volvió a Montevideo en julio de 2010 después de una visita en la que vio que el país estaba "mejor que antes".

Ahora que vive aquí, no ve todo tan bien ni tan barato. Hace tres meses que no consigue trabajo en lo suyo, la informática, por lo que empezó a buscar en Buenos Aires. "Tu siempre quieres volver a tu país. Cuando estás lejos lo idealizas todo, no te das cuenta que no es Alicia en el país de las maravillas", explica con un marcado acento español. Pero no se arrepiente, tiene 42 años y doble nacionalidad -uruguaya y española-, por lo que no descarta, como última opción, tomarse un avión y volver a cruzar el Atlántico.

María vino con algo de dinero que, rápidamente, invirtió en propiedades, por lo que todavía económicamente no ha perdido nada. Sin embargo, pagó 3 mil euros por traer sus pertenencias en un contenedor de 20 pies, cifra que asciende a más de 8 mil si se contrata un servicio "puerta a puerta".

Ya sea por una cuestión de edad (los que se regresan tienen 40 años o más), por imposibilidad de demostrar su experiencia o por sobre calificación, la inserción laboral no suele ser tarea fácil. "Hay que cambiar la mirada, no verlos como una amenaza sino como una potencialidad. Son uruguayos que están sumando, que de alguna manera le están devolviendo algo al país", explica Sosa.

Los que formaron familia en el exterior, la tienen aún más difícil. Retornar con una pareja e hijos extranjeros "es un combo de una complejidad particular", no sólo por el aspecto cultural sino por lo engorroso -y costoso- de la obtención de documentos. La legalización de una partida, por ejemplo, cuesta 42 dólares.

"Muchos años nos estuvimos quejando de la fuga de cerebros, de la ida de los jóvenes, y hoy estamos viendo ese resultado negativo. Entendemos que esto tiene que ser una política de Estado, no paternalista, pero sí facilitadora que permita la reinserción", concluye Sosa.


CRISIS Y FAMILIA.

Según un informe de la OIM para 2010, "la crisis económica mundial ha reducido la emigración en muchas partes del mundo, aunque no parece haber estimulado una migración de retorno sustancial", explica Goycoechea. Sin embargo, la sensación térmica en Uruguay es otra, y muchos especialistas coinciden en que la gran mayoría de los retornos se debe al complicado escenario que viven los gigantes del norte.

"Es lógico que regresen porque la cantidad de años que estuvieron en ese otro país no fue lo suficientemente importante como para tener un piso que le permita tolerar los momento de crisis", dice Sosa. Y agrega: "Muchos se vuelven en situación muy precaria porque resisten hasta último momento esperando que la situación se revierta y eso no sucede. Para estar mal afuera, sin sus redes de contención, es preferible estar mal aquí".

Aunque no es la única razón, Gabriel Fiorella viene escapando de las crisis desde 2003. En aquel entonces fue de la uruguaya; en diciembre de 2010, de la española. Vinculado al rubro de la construcción, estuvo viviendo y trabajando en Castellón (a 70 kilómetros de Barcelona) para regresar a Uruguay por temas afectivos. "Vine en octubre por dos meses a pasear y le prometí a mi novia que si salía algo de trabajo me quedaba", recuerda este técnico constructor de 39 años. Y así fue. A fin de año le confirmaron un puesto en la empresa Nova. Llegó un jueves de enero y al lunes siguiente empezó su nueva vida. "Siempre fui agradecido de Uruguay", dice, pero reconoce que de los españoles aprendió el ritmo de trabajo y el sentido de la responsabilidad. "Si valés, si servís, te retienen y te premian, sino no. Yo siempre quise volver, me fui con esa mentalidad", concluye.

La ley de Migración N°18.250 que se aprobó en 2008 actualizó una legislación que se remontaba a 1930, cuando definitivamente el Uruguay era otro. "Nunca fuimos un país receptor, pero hoy lo somos, por la crisis de los demás o por la estabilidad propia, pero hay un cambio", resume Eduardo Berasain, asesor del Ministerio de Trabajo. Y en eso coinciden todos, es hora de cambiar la mirada y empezar a ver en los que vuelven una contribución. "Incluso para el problema demográfico que enfrenta Uruguay el retorno es una solución, no la única, pero suma. Si todo el Estado sintoniza con esa idea se van a ir generando espacios de integración", asegura Sosa.

Opinan los expertos

"No sólo desde el Estado, sino desde toda la sociedad no estamos preparados para entender la complejidad del fenómeno. Hay que ir generando espacios de integración". Ana María Sosa.


"A veces los uruguayos idealizamos la situación de los que se fueron. La verdad es que muchos vienen no con una mano adelante y la otra atrás, sino con las dos manos atrás". Gerardo Pérez

 

"Según la OIM, la crisis económica mundial ha reducido la emigración en muchas partes del mundo, aunque no parece haber estimulado una migración de retorno sustancial". Alba Goycoechea.

¿Por qué vuelven?

La Encuesta Nacional de Hogares Ampliada (ENHA), realizada en 2006, incluyó una pregunta que apuntaba a conocer las razones del retorno declaradas tanto por las personas que regresaron como por los familiares que respondieron la indagatoria.

Las respuestas dejaron en claro que los motivos se concentran principalmente en razones familiares (37%), seguidas de que "extrañaba el Uruguay" (18%), había un "familiar dependiente del migrante" (14%) y "no tenía intenciones de quedarse" (12%).

La camiseta (celeste) "tira absolutamente" coinciden los técnicos de la Oficina de Retorno y Bienvenida del Ministerio de Relaciones Exteriores. "Prima el deseo de devolverle al país la base cultural y educativa que les permitió insertarse muy bien afuera. La mayoría, en algún momento de su vida, manifiesta que quiere volver al país. Y las crisis como esta a veces son factores que impulsan eso", dice Gerardo Pérez, encargado del área de Vinculación.

Según el nivel educativo, los resultados mostraron que en el grupo de retornantes con estudios terciarios se destacaba el alto peso de las estadías por tiempo limitado ("no tenía intenciones de quedarse"); un escenario diferente a quienes sólo tenían primaria.

Por su parte, la pobreza y el bajo nivel de ingresos se concentran entre quienes regresaron por motivos laborales. "A veces los uruguayos idealizamos la situación de los que se fueron. La verdad es que muchos vienen no con una mano adelante y la otra atrás, sino con las dos manos atrás", dice Pérez gráficamente.

Según un estudio de Adela Pellegrino sobre la emigración uruguaya durante la crisis de 2002, los que salieron del país en ese momento fueron en su mayoría hombres y adultos jóvenes.

 

Tomado de El Pais.

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